A. PLÁST., Pintura|30/05/2012 12:00

LUCIAN FREUD: Benefits supervisor sleeping

Para la inmensa mayoría de los mortales FREUD es sinónimo de psicoanálisis. Pero sin embargo para los aficionados a la pintura, Freud es el nombre del mejor retratista del siglo XX, que casualmente es el nieto del Doctor austriaco.

 

Gran amigo de Francis Bacon, con el que compartía el amor hacia la figura humana. Curiosamente tanto Lucían Freud como Francis Bacon son los mejores pintores ingleses del siglo XX ( en mi opinión de la historia, con Turner como única posible alternativa) y ninguno de ellos es de origen ingles. Lucían Freud nació en Berlín en 1922, aunque se mudo a Londres con el ascenso de Hitler en 1932, cuando su padre Ernst Ludwig Freud fue a preparar el desembarco de su abuelo a las islas.

 

Lucían Freud no es solamente el mejor pintor ingles del s XX, si no también uno de los mejores retratistas de la historia. Tiene un concepto de la pintura muy particular, que consiste en construir la realidad al revés de cómo se hacia desde épocas renacentistas. Para entendernos:

La pintura se construye desde dos puntos básicos; De atrás para adelante y de sombra a luz… Estos dos pasos son los que construyen los volúmenes y producen el efecto de la tercera dimensión “imaginaria” de la pintura. Por supuesto estamos hablando de pintura figurativa.

 

Bueno pues Lucían Freud, da la vuelta a estos criterios y realiza el proceso prácticamente al revés. De este modo consigue un efecto volumétrico mucho más exagerado . Si a esto sumamos su gusto por la pomposidad de las luces ( que a su vez se sobre-resaltan al estar construidas con sombras volumétricas), obtenemos imágenes fuertes y propias.

 

En 2008,  BENEFITS SUPERVISOR SLEEPING, un retrato de la modelo Sue Tilley de 125 kg de peso, batió el record de valoración de un pintor vivo al venderse por 33,6 millones de dólares. ¿Es su mejor obra? Creo que no, pero si que es la más cara y famosa, además de un buen ejemplo de la pintura de Freud. La rotundidad de la carne que desborda el cuadro.

Cuando fue criticado por el parecido entre su retrato de la reina de Inglaterra con un jugador de Rugby, Bacon se defendió con “pinto lo que veo, no lo que queréis que vea”. Y es que su pintura, que nadaba en pastosas pinceladas llevadas por el gesto, no podía obtener los suaves y lamidos resultados que el canon ingles espera. Su visceralidad está cercana a Turner y sin embargo mantiene un eco subterráneo que lo acerca a lo Underground.

Sobre la temática hay poco que discutir. Él siempre decía, que lo que  interesaba era lo erótico, estuviera donde estuviera. Pero, personalmente, creo que su valor está en el cómo y no en el qué, teniendo la misma fuerza pictórica el retrato de la reina Isabel que cualquiera de sus desnudos. Cierto es que impregnaba a todos sus retratos de un valor psicológico, pero es que al fin y al cabo era el nieto de Sigmund Freud

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