LITERAT., Poesía|30/11/2012 12:00

AGUSTÍN GARCÍA CALVO, el poeta filósofo

Confieso que para este mes tenía otro poeta pensado pero a raíz del fallecimiento de este singular escritor zamorano, opté por presentárselo.

Agustín García Calvo nació en Zamora en 1926 y falleció hace unos días, el 1 de noviembre de 2012. Gramático, poeta, dramaturgo, ensayista, traductor y filósofo. Lo vi en muchas ocasiones paseando por el casco antiguo de Zamora, por la calle Ramos Carrión, donde sus libros reposan en el escaparate de la librería Semuret. Cuando yo era joven adquirí varios, yo ya escribía poesía y leía a los grandes poetas de mi tierra. Sus libros son originales, realizados a mano, en la editorial Lucina, de color esmeralda los que yo atesoro, y hablan de amor, desamor, escenas filosóficas de una vida que busca refugio.

Sin embargo, Agustín García Calvo, tres veces Premio Nacional (de ensayo en 1990, de Literatura Dramática en 1999 y de Traducción al conjunto de su obra en 2006) captó la realidad de forma abrupta, fue uno de los catedráticos perseguidos por el régimen franquista y debido a las revueltas estudiantiles de 1965 apartado de la cátedra.

Como anécdota se cuenta que recibió el encargo del primer presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, de escribir el Himno de la Comunidad al precio de una peseta.

Como poeta publicó Canciones y soliloquios, Más canciones y soliloquios, Del Tren (83 notas o canciones), Libro de conjuros, Ramo de romances y baladas, Sermón del ser y no ser, Valorio 42 veces, Bebela, Relato de amor o 4 canciones de amor perdido y el cínife.

Llegados a este punto solo me queda animarles a leer sus poemas, o sus obras, Agustín García Calvo tiene mucho que contar aún sin estar entre nosotros.

1

Antes de que se me haga demasiado tarde,

y por si llega la gran Tarde de Domingo

en que no haya ya mujeres, o muy pocas,

o apenas una que otra, en este mundo, y sean

todas las mujeres ya sencillamente hombres

o poco más, deseo en verso liso y llano

contar de una que he sentido largos años

andar revoloteando en torno de mis ojos,

y cerca de mi mano, en ronda constante

que nunca caracol a rueda de su amada

en torno de un sol muerto cristalina luna;

de manera que era ella tan de sobra cierta

y evidente, que tan sólo lentamente al cabo

habré aprendido a verla, ahora que en las nieblas

se me borra la mirada; pero todavía

nos queda voz para cantar lo que no vimos;

y por eso cuento las venturas de Bebela.

 

Imprescindible

Obra: Bebela

Autor: Agustín García Calvo

Año: 1987

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